Todos nosotros en mayor o menor grado nos hemos visto envueltos en esto que podríamos llamar una de las causas por las que no podemos ver nuestras metas hechas realidad, o nuestros ideales realizados.
Y de este mal podríamos hacer un hábito. El hábito de posponer no es más que uno de los tantos mecanismos de defensa que utilizamos los seres humanos para no quedar al descubierto, desde el punto de vista psicológico. Posponemos por miedo. Miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo al éxito, porque en el fondo nos sentimos incapaces de salir hacia delante, o incapaces de enfrentar situaciones nuevas.
César Román en uno de sus libros nos regala algunos consejos para vencer el hábito de posponer:
Recompénsate. Cuando uno experimenta una recompensa o refuerzo después de haber hecho algo, uno tiende a emitir dicha conducta, y cuando sucede lo contrario, la conducta tiende a no repetirse.
También puedes hacerte un contrato. Con esto aseguras esas recompensas.
Usa listas y recordatorios. Amárrate una cinta en el dedo, cámbiate el anillo para recordar algo.
Divide las tareas en porciones pequeñas.
Establece una rutina. Por ejemplo: haré ejercicios cuando me levante o cuando salga del trabajo.
Consigue un amigo que te acompañe a realizar las tareas desagradables.
No te escapes de la realidad a través del alcohol, las drogas o la televisión.
Realiza las actividades placenteras después de las desagradables.
Haz las cosas. No tienen que ser perfectas.
Toma riesgos. Tienes más que ganar si tratas.
Concéntrate en comenzar. La acción baja la ansiedad.
Vive en el presente. Escápate de los pensamientos e imágenes del pasado.
Enfrenta tus temores.
No te envuelvas en muchas actividades a la vez.
Define tus metas.
Aprende a delegar.
Haz una promesa en público.
Pide ayuda en las áreas en que la necesites.
Haz un plan con otra persona.
February 22, 2010 at 10:12 pm |
Realmente el miedo es lo clave en esto,a veces uno tiene tantas ideas e incluso muchisimas ganas y talento para hacer las cosas q debe/quiere..pero pensar q no va a ser como se ha pensado o no se va a “dar la talla” hace que el desanimo llegue y uno deje de hacer esas cosas.
Gracias por el post